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► Flam: Informaciones básicas para vuestra visita


Foto: Cruceristas y Cruceros
Queremos recuperar las vivencias que nos mandaron en su día nuestros colaboradores, en este caso voy a compartir las experiencias de TONET. El resumen lo tenemos de todo el crucero pero para no cansaros y que vuestro paso por el artículo sea ameno, lo hemos seccionado por escalas ya que de lo contrario sería un artículo interminable.

Esperamos que sea de vuestro agrado

Las escalas de este crucero y que os iremos ofreciendo una a una fueron:
Cada uno de nosotros tenemos una visión diferente del lugar que visitamos, incluso viajando en el mismo crucero, por lo tanto aquí tenéis la visión de nuestro amigo y colaborador Tonet.

FLAM

Puntualmente llegamos a Flam. La previsión era de tener un día relajado. Nuestro tren salía a las 9:45. A las 9:00 ya estábamos en la estación para pagar y recoger nuestro billete previamente reservados. El día se debatía en claros y nubes, más nubes que claros. La jefa compró nuestro billete, algunos Thorpedos regresaron fugazmente al barco para ataviarse mejor. Otros curioseaban en la tienda de souvenirs para las compras posteriores.

A las 9:40 subimos a nuestro tren. Teníamos un vagón reservado. El vagón lo compartimos con otro grupo que también tenía la reserva hecha. Como siempre entramos como un elefante en una cacharrería y con nuestra alegría habitual nos colocamos en nuestros asientos. El jefe de estación dio la salida a su hora e iniciamos el ascenso por el margen derecho del río Flamselvi que descendía por un valle esplendoroso. Aguas bravas y cristalinas nos acompañaban en nuestro ascenso. En un valle encajonado entre altas montañas donde se podía apreciar las cumbres ligeramente nevadas.


Casi sin darnos cuenta cruzamos al margen izquierdo del río, A una zona en mitad de camino llamada Berekvam, En su estación se efectuó el cruce con el tren descendente de Myrdal. Apenas esperamos unos minutos cuando apareció el tren descendente prácticamente vacío. Realizado el cruce, iniciamos la marcha cambiadas las agujas por la responsable de la estación.

Durante el recorrido observas torrentes y cascadas que se entregan al río bravo. Lo mejor estaba por llegar, en apenas 20 Km. Íbamos a ascender 863 metros. Próximos al inicio de la zona más espectacular del recorrido, el tren se detuvo unos minutos. Nuestro vagón se detuvo en el túnel. Una voz nos indicó que podíamos descender para contemplar un espectáculo único. Nos apeamos a un estrecho andén que conectaba con una plataforma acondicionada para observar la cascada de Kjosfossen.

Las cascadas vistas anteriormente no tenían nada que ver con lo que observamos en esa humilde plataforma. Un estruendo de agua discurría con una fuerza brutal bajo nuestros desorbitados ojos. La blancura del agua rota nos dejó hipnotizados durante breves momentos. Una sorpresa nos aguardaba, varias mujeres aparecieron entre las rocas mientras practicaban una extraña danza con sonidos ancestrales. Con el fin de inmortalizarnos delante de la salvaje y descomunal cascada, todo el pasaje nos agolpábamos a codazos para hacernos las fotos más próximas posibles a la barandilla, que separaba la seguridad de la plataforma con el torbellino de agua. Allí en aquella lejana plataforma te vuelves a sentir minúsculo, oyes, hueles y sientes el poder de la naturaleza y la fragilidad de la vida. La fina lluvia reflejada por las rocas de la cascada nos despertaba del impacto visual.

El sonido de varios toques de silbato nos marco el fin del tiempo concedido. Todos subimos a nuestros vagones e iniciamos la marcha hacia la zona más espectacular. En la zona alta puede observar túneles semiabiertos en el costado en paralelo uno encima del otro. El tren discurría por ellos La dificultad técnica es extrema y no me podía creer el radio de vía configurado para superar ese desnivel. Hoy se que se asciende en espiral. Pero allí solo oyes el chirrio de carriles en un agónico ascenso entre túneles de vez en cuando abiertos, superando desniveles del 55 por mil. La fragilidad del hombre es compensada por su ingenio y determinación.

Por fin llegamos a Myrdal un paraje desértico que aparentemente no tiene nada, sólo la conexión del tren de Oslo. Otra voz nos indicó que había 20 minutos hasta que saliese el tren. Bajamos del tren con libertad para dar una vuelta. Nos dimos cuenta enseguida que nos habíamos confundido. El tren salía de regreso en 5 minutos. Los nervios volvieron a salir a flor de piel. Estamos desperdigados. Adicionalmente teníamos que comunicarnos con el maquinista para que nos parase en la Estación de Hareina. Afortunadamente, fuimos capaces de introducirnos todos en el tren de regreso y gracias a un esclavo de la familia Lauvife pudimos transmitir al maquinista la información necesaria.

Foto: Cruceristas y Cruceros
El descenso fue más relajado y disfrutamos más del paisaje. En ésta ocasión compartimos el tren con un nutrido grupo de turistas Orientales. La parada de Kjosfossen las disfrutamos nuevamente y nos volvimos a sobrecoger

El tren se detuvo tres veces más. Una para recoger a un personaje curioso, un montañero del siglo pasado, con barbas blancas y la mochila de Amundsen, otra para hacer el cruce de trenes necesario y la última dos estaciones antes de llegar a Flam, (Hareina), la estación donde teníamos previsto apearnos.

Con todo el grupo bajo del tren, nos despedimos agitando los brazo al pasaje del tren que desaparecía de nuestra vista con lenta monotonía. Vimos la Iglesia de Flaam del siglo XVII, una pequeña pero coqueta iglesia de madera. Firmamos en el libro de honor, como no podía ser de otra manera, aunque nos equivocamos al datar el evento. Nos sorprendió la tranquilidad del lugar, el sosiego que se respira. A pesar de nuestro alboroto, de las casas aisladas no salió nadie para interesarse quienes eran los intrusos que estaban invadiendo su intimidad. Esa fue la sensación, invadir la intimidad a pesar de pasear por una carretera en dirección a Flam.

Foto: Cruceristas y Cruceros
Queríamos ver la cascada de Brekkenfossen. Todos intentamos el ascenso pero enseguida nos dimos cuenta que era un ascenso duro. Así que solo unos intrépidos continuaron el ascenso, el resto retrocedió sobre sus pasos y continuaron el paseo hasta Flam. La información de los mapas que cogimos en la oficina de turismo no era precisa. Tenía cierta dificultad. Los que subimos, apreciamos de cerca otro espectáculo increíble pero no pudimos estar mucho tiempo porque el tiempo apremiaba.

En Flam nos reagrupamos nuevamente para hacer las compras de rigor. Otros miembros del grupo realizaron un safari por el fiordo, Ataviados con trajes especiales que proporcionaba la empresa. Según nos contaron, también fue maravilloso aunque solo pudieron ver una foca. Pero les acercaron hasta unas cascadas que rompían en el fiordo, parece ser que valió la pena el safari por el espectáculo natural contemplado.

Todos en el barco pudimos disfrutar de nuestra partida de Flam a través de uno de los ramales del fiordo Sognefjorden, el Aurlandsjforden. Considerado el fiordo más largo y profundo del mundo, el Sognefjorden es un fiordo de 200 km de longitud y casi mil metros de profundidad en algunos puntos. A mi juicio uno entre los más bellos.


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